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Identidad y localización cultural*

Caridad Tamayo Fernández

Si bien sabemos que preguntas como quiénes somos y hacia dónde vamos son permanentemente actualizadas, la idea se hace mucho más evidente al leer el magnífico libro de la profesora cubano-americana Iraida H. López La autobiografía hispana en los Estados Unidos: a través del caleidoscopio. Este utilísimo volumen se ha propuesto describir las formas en que algunos escritores chicanos, puertorriqueños y cubanos residentes en los Estados Unidos "negocian y construyen la identidad cultural a través del uso selectivo de las experiencias y la memoria en el género autobiográfico". Más allá de la descripción, el libro incita a la polémica y consigue reunir una valiosa información de carácter histórico-literario acerca de los textos autobiográficos o memorialísticos que desde el siglo xix hasta nuestros días han sido publicados en los Estados Unidos por inmigrantes hispanos o sus descendientes.

En un reciente artículo publicado en las páginas de esta misma revista, Ambrosio Fornet formulaba algunas preguntas inevitables al abordar el tema: "¿Qué es una literatura nacional? Si es aquella que se inscribe en el seno de una tradición asociada a ciertos territorios específicos, ¿dónde situar la que se produce fuera de ellos, pero reclama no obstante derechos de ciudadanía literaria?" Y más adelante agregaba: "Las literaturas chicana, neorriqueña, cubano-americana... -latinounidenses, en suma, como las llama Eliana Rivero- ¿a qué ámbito cultural pertenecen?"1 De modo que una vez más aparecen las casi ontológicas preguntas que mencionábamos al inicio, redimensionadas por la convulsa era de la globalización.

De manera tácita, López parte de interrogantes similares e intenta demostrar cómo "estos escritores no andan tras la búsqueda de la identidad, sino que la determinan y verbalizan de acuerdo con su especificidad, su experiencia, su contexto histórico y su propio discurso". Para ello se vale del análisis de siete autobiografías: Borderlands/La Frontera. The New Mestiza (1987), de la chicana Gloria Anzaldúa; Canícula. Snapshots of a Girlhood in la Frontera (1995), de la chicana Norma Elia Cantú; Growing Up Inside the Sanctuary of My Imagination (1994), de la puertorriqueña Nicholasa Mohr; Silent Dancing: A Partial Remembrance of a Puerto Rican Childhood (1990), de la puertorriqueña Judith Ortiz Cofer; Always Running. La Vida Loca: Gang Days in L.A. (1993), del chicano Luis J. Rodríguez; Next Year in Cuba: A Cubano's Coming-of-Age in America (1995), del cubano-americano Gustavo Pérez Firmat; y Down These Mean Streets (1967), del puertorriqueño Piri Thomas.

Dos ideas fundamentales son revisadas de forma minuciosa en esos textos: identidad y localización cultural, aspectos sumamente complejos dentro de cualquier análisis sociocultural, dada la multiplicidad de lecturas que presuponen en un mundo signado por el desplazamiento y la consiguiente pérdida de las fronteras, por la mezcla racial, las confusiones entre centro y periferia, etcétera; pero privilegiados por estos escritores, y por aquellos artistas e intelectuales que de una forma u otra se encuentran en alguna encrucijada de culturas, lenguas y espacios socio-culturales. Esos dos tópicos de enorme significación humana son, como se sabe, núcleos de interminables discusiones, y motivo de obsesión y de insatisfacción en estos tiempos. López deja sentadas claramente las bases de su estudio en las páginas intro-ductorias: "En este trabajo utilizo la noción de identidad favorecida por el posmodernismo", es decir, aquella que a López le "permite mostrar la diversidad de puntos de vista sobre el biculturalismo experimentado por los escritores".

Por otra parte, la localización cultural, "espacio material y simbólico que los escritores construyen en sus textos para autodefinirse culturalmente", no puede desvincularse del concepto de identidad, pero a la vez exige su propio análisis. Es por ello que -ante las múltiples posibilidades de definición de dicho espacio sugeridas por los mencionados volúmenes- López sostiene su análisis sobre las nociones de transnacionalismo, frontera y ciudadanía cultural, tomadas de otros contextos, porque "son las que mejor sintetizan su creación en estos textos autobiográficos". En los sucesivos capítulos la autora trata de demostrar cómo estos conceptos se superponen o dialogan en cada uno de ellos, lo cual apoya su teoría de la identidad caleidoscópica. En el caso de Silent Dancing: A Partial Remembrance of a Puerto Rican Childhood, de Judith Ortiz Cofer, por ejemplo, muestra cómo la variante transnacional define parte de su localización cultural por los constantes viajes de ida y vuelta a su isla, por "el deslizamiento continuo, un vaivén que alimenta activamente el biculturalismo"; por otro lado, la noción polisémica de frontera le permite describir el "contrabando" de elementos lingüísticos en el texto, es decir, la incesante combinación del inglés y el español en un intento por no perder ni una ni otra filiación. Es justo anotar cómo este último concepto, el de frontera, es discutido con amplitud en el capítulo dedicado a Gloria Anzaldúa, cuya obra suscita uno de los más interesantes y el más extenso de los análisis del libro. Anzaldúa ha estado asociada a la noción de frontera -más allá de la connotación geográfica- aun antes de que fuera capaz de articularla y cuestionarla intelectualmente. Nacida al sur de Texas, la hibridez que de manera natural le propició ese territorio fronterizo cercano a México ha quedado acentuada por su condición de mujer, escritora, feminista y homosexual. De ahí que el estudio de su identidad múltiple dé pie a uno de los momentos de mayor riqueza interpretativa del ensayo.

Demarcadas todas esas fronteras, López va penetrando en cada uno de los territorios textuales para que a cada vuelta de su caleidoscopio veamos las novedosas imágenes que incorpora la "literatura étnica hispana", en su asunción de una identidad bicultural e híbrida, con los inevitables matices que van de un texto a otro. El capítulo inicial, dedicado a Pérez Firmat, analiza cómo influyen en la construcción del sujeto cubano-americano el género (masculino), la clase y la raza. Al mismo tiempo, López establece un contrapunto con ensayos autobiográficos de Eliana Rivero y Flavio Risech en los que pueden reconocerse otras maneras de ser cubano-americanos determinadas, respectivamente, por el género (femenino) y la sexualidad (homoerótica). El capítulo segundo, dedicado a los libros de Piri Thomas y Luis J. Rodríguez pone énfasis en los modos que tiene la masculinidad de contrarrestar el rechazo social y racial, y de manifestar su menosprecio por mujeres y homosexuales. El texto de Thomas -según López- sirve para comparar la construcción de códigos raciales en contextos tan diferentes como el puertorriqueño y el norteamericano, y la resemantización de ambos cuando se enfrentan. En los capítulos posteriores demuestra cómo la perspectiva de género pasa a ocupar un primer plano en los textos de las escritoras hispanas y cómo la construcción de la identidad sobrepasa los conceptos de etnicidad y de biculturalidad. El tercero, por ejemplo, se encarga de historiar la influencia notable del movimiento nuyorrican en la construcción del sujeto femenino puertorriqueño. El capítulo cuarto trabaja la idea de "la nueva mestiza", de Gloria Anzaldúa, y de la revisión y rescritura que hace del mestizaje mexicano. Por último, los capítulos quinto y sexto retoman el papel del género en la defensa de la identidad cultural. "Así pues, como si volteara el tubo de un caleidoscopio, la lectura de cada una de estas autobiografías puede desembocar en otras que añaden matices y tonos adicionales a la interpretación de la identidad y la localización cultural", concluye la autora.

El simple hecho de proponerse el estudio de tales categorías es ya una empresa ambiciosa y arriesgada. Hacerlo valiéndose de siete textos escritos por protagonistas de uno de los dilemas más discutidos en nuestros días, es un atrevimiento que pocas veces llega a buen término. Sin embargo, el libro de Iraida H. López tiene el mérito, primero, de no intentar "unificar o reducir a la misma especie [toda] la experiencia hispana en los Estados Unidos", y, segundo, de ser uno de los pocos escritos en español que han tomado esta iniciativa, y que han sabido conducir sus ideas sin tratar de dar una respuesta contundente, ni de imponer un criterio. Con su lectura ha contribuido, sin embargo, a la reflexión y a la difusión de una literatura que rebasa los límites de cualquier encasillamiento y que, por las más variadas razones, ha impuesto su presencia en los mercados editoriales.

La autobiografía hispana contemporánea en los Estados Unidos: a través del caleidoscopio traza un puente entre cada uno de los escritores seleccionados y sus países de origen. De alguna manera, su autora ha podido develar cómo están contenidos los unos en los otros y de qué manera se retroalimentan y establecen una dependencia vital de la que se desprende el estado actual de sus respectivas identidades. Por el diapasón de textos analizados, la actualidad de los temas y las polémicas que ellos generan, el rigor con que se les aborda y la amplísima y útil bibliografía sobre los autores y asuntos que le conciernen, es éste un libro de referencia obligada. Más que ayudarnos a entender el género autobiográfico de determinados grupos, o el siempre controversial tema de la identidad, nos ubica, metafóricamente, en el centro de una discusión contemporánea.

* Iraida H. López: La autobiografía hispana contemporánea en los Estados Unidos: a través del caleidoscopio, Leviston, The Edwin Mellen Press, 2001.

1 Ambrosio Fornet: "La diáspora latinounidense: globalización e identidad", Casa de las Américas, No. 226, enero-marzo de 2002, p. 48. (N. de la R.)