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Carta abierta de Cali Teatro

Santiago de Cali, febrero 9 de 2004

Señor
Jorge Eliecer Tamayo Marulanda
Concejal de Santiago de Cali
Ciudad

Reflexiones sobre el nombre de Enrique Buenaventura al Teatro Municipal

Sea esta la oportunidad para agradecerle de antemano su gentil invitación para dar a conocer y expresar nuestra opinión respecto al Proyecto de Acuerdo No. 001 titulado "Por medio del cual se le da el nombre de Enrique Buenaventura al Teatro Municipal" iniciativa que en principio nos parece muy importante de su parte, toda vez que su cívica intención busca que la inmortal obra dramatúrgica del maestro perdure en el tiempo y el espacio para beneficio de las artes y las letras de nuestra región, el país y otras latitudes.
Claro está que tan encomiable proyecto resulta de pronto contradictorio toda vez que el Teatro Municipal no tiene ningunos nexos con la amplia labor desarrollada por Enrique Buenaventura, salvo las esporádicas presentaciones de su grupo en ese recinto para lo cual debió cumplir con todos los impuestos y demás trámites de rigor.
Pero ya que se trae a colación y lo que busca su propuesta es no permitir que quede flotando en el olvido tan insigne personaje, consideramos que lo más acertado y digno de todo respeto es aunar esfuerzos económicos a nivel nacional, departamental y municipal para que la actual sede del TEC donde se refugió el maestro con su grupo de actores cuando fueron arrojados a la calle por las autoridades oficiales de Bellas Artes de aquel entonces, entre a ser restaurada y dotada por ejemplo de una biblioteca, sala de centro de documentación, librería, restaurante, museo, archivo histórico de las artes escénicas en general y del maestro en particular, convirtiendo de esta manera este aposento histórico donde reposan las cenizas del poeta en lugar de encuentro de todos los peregrinos venidos desde los más lejanos rincones en busca de los postulados buenaventurenses. Pero amigo Concejal, la propuesta va mucho más allá, como la de pensar en re-acondicionar la actual sala de teatro para que el TEC por lo menos decorosamente pudiera continuar con sus temporadas escénicas de todos los fines de semana, y así el TEC como tal seguiría funcionando, y esta histórica casona recibiría oficialmente y con usted a la cabeza, el nombre de la "CASA ENRIQUE BUENAVENTURA".
No dudamos en ningún instante de tan loable intención de parte suya, pero recuerde que en Londres cuando uno va en busca de la historia shakespeareana se dirige al Teatro El Globo y no a esa gran mole del Teatro Nacional; en Amsterdam la obra de Ana Frank esta en su casa, que le sirvió de refugio ante el peligro nazi y no en otra parte; en París está el recinto en el que Honoré de Balzac escribió su legado a la novela moderna; ejemplos abundan, pero permítanos hacerle la siguiente pregunta, la historia de ese gran caudillo del pueblo Jorge Eliecer Gaitán ¿En qué lugar de Bogotá se encuentra?
El Teatro Municipal, esa joya arquitectónica orgullo de Cali y la nación por todo su acontecer artístico, que en el momento más álgido para Enrique y el TEC no le abrió las puertas, ni brindó protección ni auspicio alguno cuando fue mofa de la censura, nada tiene que ver con la obra y nombre del dramaturgo, persistir en esta propuesta es auspiciar aun más la falta de identidad que carcome a esta ciudad, en donde el cerro de las Tres Cruces se pobló de antenas parabólicas, nuestras mujeres dejaron de ser como las flores y se tornaron plásticas, nuestro patrimonio arquitectónico quedó en vidrios ahumados, la capital de la salsa sólo sintoniza vallenatos las veinticuatro horas del día y para colmo de males como dice la propaganda, el nombre de Enrique Buenaventura quedaría "en el lugar equivocado".
No dudamos que esta labor goza por su parte de las mejores intenciones, pero como decía el maestro "De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno". Así que esta como muchas otras propuestas que surgen en los recintos oficiales al calor de las coyunturas, parece desconocer de fondo la idea en la que se inspira.
Quizá sin intención sea esta la manera en que esta ciudad se ha lavado las manos por el desconocimiento que siempre ha tenido frente a la obra de sus artistas, no olvide usted que el más insigne autor de estas comarcas don Jorge Isaac en la agonía de su incomprensión terminó pidiendo un mejor lugar para su reposo.
Curioso resulta que por muchos años el único homenaje que se la ha brindado a este poeta y su inmortal María sean ese estéril busto al lado del Consejo, convertido en orinal público, depositario del guano murcielaguesco, las heces de las palomas y los fotógrafos de ocasión, así como un teatro bautizado en su honor, que fue abandonado a su suerte por muchos años y luego restaurado, para ser ahora espacio de programaciones frívolas, que mezclan la salsa, la nena Jiménez, Jeringa y toda una tropa de espectáculos de quinta que hacen revolcar en su tumba al precursor de nuestro romanticismo literario.
Pero que sea esta la ocasión para hacer a un lado la improvisación y la falta de memoria siendo más sensatos frente a nuestro patrimonio. Entendamos que el arte es un hecho vivo, edificante, constructor, que impulsa y desarrolla los pueblos; los bronces son para los muertos y la obra del maestro Buenaventura sigue, esta ahí, en su TEC, en el trabajo continuo de los artistas que lo conforman, en el transcurrir de nuestros creadores, en el esfuerzo constante de la reflexión sobre nuestros acontecimientos, en la lucha que se emprende cada día frente a la obra de arte, porque de no ser así "La vida es muy dura".

Álvaro Arcos                             Diego Fernando Montoya
Director General                        Dramaturgo
                          Cali Teatro