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Mi querido My Dear

Patricia Ariza

Así saludaba Enrique a los amigos.
Hablar de Enrique Buenaventura es hablar del Teatro Experimental de Cali y del Movimiento del Nuevo Teatro, un movimiento del pensamiento independiente en Colombia que construyó colectivamente, desde las obras de dramaturgia nacional, el relato de lo que somos.
Enrique Buenaventura fue, además de actor y dramaturgo, filósofo, poeta y pintor. Para Colombia y para la América Latina es un privilegio contar con su vida, sus más de cien obras de teatro, sus poemas, canciones, dibujos y ensayos. Reconocer y recuperar para el destino del teatro y del país su pensamiento, es incorporar al patrimonio cultural de la nación una parte fundamental de nuestra identidad.
¿Cómo podríamos ser sin Enrique?
Quienes estuvimos en la estremecedora ceremonia, en la cual Nicolás, su hijo, que heredó de Enrique, de su tío Nicolás y de su abuelo, la irrefrenable necesidad de narrar, presenciamos con nostalgia el ritual de despedida del maestro. Luego de que sus cenizas se incorporaran al viejo árbol de mango del TEC, que fuera su casa, escuchamos a “Nico” con una voz que se debatía entre la emisión y el dolor decir que: “los muertos como Enrique no se entierran, ¡se siembran para que florezcan!”.
A partir de allí los cantantes de Cali, abrieron la participación, para que cada quien dijera, cantara o actuara lo que quisiera mientras echábamos puñados de tierra al surco que iba a abrigar al maestro. Con las coplas de Joao Cabral do Melo Neto “Difunto Severino, cuando pases el Jordán, y los demonios te atajen, preguntándote, qué llevas”, algunos le dijeron cosas como:
“Diles que te quedarás a la Diestra de Dios Padre”.
Otros respondían:
“Si te quedas al lado de padre, lo harás pero a su izquierda donde estarás sentado con los rebeldes y con las mujeres”.
“Que pedirás un ‘whisquicito’ y dirás que ‘la vida es muy dura’ y que ‘entonces también tampoco’”.
“Que te dará mucha rabia no haber terminado tu obra teatral Los dientes de la guerra”.
“¡Que descansarás de tener que ‘lagartiar’ para que el TEC sobreviva después de cuarenta y ocho años!”.
“Que le des saludos al viejo Tomás Carrasquilla”.
“Que te fuiste sin pintarme el retrato que me prometiste”.
“Que no te quisiste ir a Francia porque allá todo era demasiado tranquilo”.
“Que te daban mucha rabia las equivocaciones en el lenguaje”.
“Que te vas a encontrar con Cornelio, tu padre, y van a hacer una competencia de narración de historias”.
“Que le preguntes al viejo, si se acuerda de la historia aquella de la competencia de águilas, en la cual una que cogió pista, descendió tan rápido, que se incendió”.
Otros, actuaron o leyeron fragmentos de sus poemas:
“Los que construyen la ciudad viven en los extramuros
no tienen agua los que hacen el acueducto
y aquellos que cavaron los desagües,
luchan con una escoba contra las inundaciones
van a pie bajo el sol, los que hacen las carreteras....”
Estábamos casi todos maestro, Jacqueline, hecha dolor, Santiago García, el otro gran maestro, Hilda, Lisímaco, Lucy Bolaños, Gustavo Vivas, Germán Cobo, Pakiko y Carlos Satizábal. Sus hermanos, Nicolás el político, Jaime el médico, y Alejandro el actor. Y sus amigos afromúsicos del Pacífico, tambor en mano.
Las actrices de La Máscara, dijeron textos de su obra, La maestra:
“Nací de este de ese barro y de ese polvo rojo, y ahora he vuelto a ellos. Aquí en el pequeño cementerio que vigila el pueblo desde lo alto, sembrado de hortensias, geranios, lirios y espeso pasto. Es un sitio tranquilo y perfumado. El olor acre del barro rojo se mezcla con el aroma dulce del pasto Yaragúa y hasta llega, de tarde, el olor del monte, un olor fuerte que despeña pueblo abajo.”
“El camino será un río lento de barro rojo y volverán a subir las alpargatas y los pies cubiertos de barro y los caballos y las mulas con las barrigas llenas de barro y hasta las caras y los sombreros irán camino arriba, salpicados de barro.”
Maestro,
pude entrar a su cuarto, a su austero cuarto, pasar la mano por su mesa llena de libros, mirar el dibujo inconcluso de los niños de la calle parados en las manos frente a los semáforos. Darme cuenta de que usted estaba escribiendo a la vez varios poemas, obras y ensayos.
Al salir, lloramos, dulcemente.
En la noche fui a brindar con algunos amigos del viejo TEC, Helios, Aída, Nelly, Gladys. A su salud, maestro.
LA VIDA ES MÁS DURA SIN USTED, ENRIQUE.